Publicada
en el Diario El Cronista - 2 de Marzo de 2004, pág.
11
Llegó
el momento de debatir el rol de los medios de comunicación
Por
Adriana Amado Suárez
Asesora Externa Área de Comunicación
de Jorge Giacobbe & Asociados
No hace falta destacar el carácter de inédito
de la crisis ocurrida en la Argentina. Baste con mencionar
que la grave situación económica catalizó
una emergencia institucional derivada del cuestionamiento
social generalizado a las instituciones políticas,
jurídicas y económicas. Pero quizás
no se ha insistido lo suficiente en que la crisis no afectó
únicamente a la dirigencia política, su emergente
más visible, sino todas las instituciones argentinas.
Así lo muestran cualquiera de los estudios sobre
el tema, que en todos los casos muestran que la suma de
imagen regular y negativa excede la positiva, aun para aquellas
más favorecidas por la opinión pública.
Era de esperarse
que una crisis tan generalizada afectara también
el relato predominante en el espacio público durante
la última década: el de los medios de comunicación.
Mensajero de las acusaciones de corrupción que recayeron
durante los últimos años sobre la política,
portavoz de las denuncias sobre los excesos de los poderes
fácticos, el periodismo casi siempre quedaron fuera
del control de la prensa. Y ésta quizás sea
la razón principal por la cual la crisis del sector
haya sido menos visible para la opinión pública.
Como dice el especialista en periodismo, Furio Colombo,
los medios son el único sistema social que se legitima
permanentemente, de ahí que una primera instancia
de reflexión en el debate sea el de la autocrítica
de la prensa, tal como tan atinadamente planteó este
diario el pasado 23 de febrero en su nota editorial. Bienvenido
sea, entonces, cualquier esfuerzo impulsado desde los propios
medios para reestablecer el vínculo erosionado de
la opinión pública con sus comunicadores sociales.
Pero es necesario
que todos estemos comprometidos en que el proceso de reflexión
sobre las responsabilidades de los medios sea lo más
transparente y sincera posible. En este sentido, no viene
a mal recordar las palabras de Pierre Bourdieu cuando señaló
que “Los grupos sólo se plantean los problemas
que pueden soportar”, agregando que es probable que
cualquier esfuerzo en este sentido se diluya en estrategias
de precaución, tales como la de plantear problemas
extremos, ligados a situaciones límites, sin considerar
los problemas cotidianos que suelen ser el nudo de la cuestión.
Esto significa que llevar la autocrítica del periodismo
a las grandes cuestiones deontológicas, o resolverla
con un puñado de nombres de acusados o arrepentidos,
no ayudaría demasiado a la solución. Antes
bien, postergaría una profunda discusión acerca
de qué participación tenemos todos, medios,
informadores y espectadores, en el proceso de información
pública.
En este proceso,
la denuncia, la sospecha, el silencio, el recelo, no haría
más que debilitar el vínculo de los medios
con la ciudadanía. Las actitudes corporativistas
quizá funcionen hacia dentro de la industria, pero
difícilmente sean convincente de cara al juicio social.
Como bien observó Noam Chomsky, “En la más
impresionante demostración de autodisciplina, con
salvedades que se confunden con el error estadístico,
la prensa libre ha logrado mantener a oscuras a quienes
confían en ella; una tarea nada sencilla en un mundo
tan complejo”. Por ello, ninguno de los actores que
participamos en el espacio público podríamos
ponernos fuera de la evaluación de nuestras responsabilidades,
y mucho menos, restringir la crítica a los periodistas,
como una forma de enarbolar un comportamiento ético
fuera de cuestión.
Por lo pronto,
sabemos que la crisis ha dejado un balance difícil
para los medios:
menos lectores, audiencias más diversificadas y esquivas,
inversiones publicitarias escasas. También mostró
la dificultad de la prensa para presentar los nuevos emergentes
sociales: protestas, marginación, delincuencia, pobreza,
desocupación, han sido temas tratados con diversa
suerte, cayendo muchas veces en una mirada elitista, distante.
Restituir el vínculo de confianza la sociedad con
sus medios de comunicación implica asumir la esencia
misma de esta relación, basada en la función
social de comunicar de manera cabal, franca y abierta. Y
en esto, todos somos partícipes necesarios. (volver
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